• ¿Cómo puede la terapia visual ayudar a tu hijo?

Hay muchos problemas visuales que no se resuelven con unas gafas, o con unas lentes de contacto.

Hay muchos casos en los que la vista, la agudeza visual, es sólo una parte del problema. Los casos más conocidos son los típicos llamados “ojos vagos” (ambliopías) porque están muy relacionados con la agudeza visual. Son casos en los que uno de los dos ojos, o los dos, no llega al 100% de agudeza visual por mucha graduación que intentemos poner. Es evidente que ese ojo necesita “algo más”.

Tradicionalmente, la oclusión del ojo bueno era el tratamiento a seguir. Ya hace tiempo que se ha demostrado que la oclusión (poner parche) como tal no es efectiva en un plazo determinado. Hay que trabajar “algo más”:

  • hay que conseguir despertar a ese ojo, que no está ciego o anulado, sino dormido, aletargado.
  • hay que enseñar al cerebro que los dos ojos deben trabajar juntos, a pesar de la tendencia dominante de hacerlo con uno. Para ello, existen diferentes técnicas que hacen que, al trabajar a nivel cerebral, quede instaurado en el propio disco duro del paciente que tiene dos ojos, y no uno que trabaje por los dos. En muchos casos, solamente una oclusión no llega a ser efectiva porque hay regresiones: al principio de tapar el ojo bueno, el ojo no tan bueno recupera agudeza visual, pero, al destapar el ojo bueno, el cerebro no admite que tiene que utilizar los dos ojos al mismo tiempo y acaba por dominar el ojo bueno de nuevo, por lo que se pierde gran parte o toda la agudeza visual ganada hasta entonces.

¿Cómo puede la terapia visual ayudar a tu hijo?

 

Pero hay otros casos no tan evidentes porque no están tan ligados a una baja agudeza visual. Existen casos en los que, o bien existe una vista del 100% o bien hay un problema de refracción (graduación), y se pone gafas y se logra una agudeza visual del 100%, pero, aun así, no se resuelve la situación de ineficacia, fallos en lectura o rendimiento escolar, síntomas como dolores de cabeza frecuentes (que no son tomados en serio porque el niño no está enfermo y nos dicen que el niño ve perfectamente), etc.

¿Qué hacer? Evidentemente, si no hay patología detrás o algún error, lo que sucede en la mayoría de estos casos es que se acaba deambulando por ópticas tradicionales u oftalmólogos que únicamente toman agudezas visuales y se llega uno a desesperar porque  “el niño ve bien”.

El examen visual completo, que evalúa las capacidades visuales del paciente y que hacemos los optometristas sirve para descifrar el por qué no está funcionando como debería su sistema visual: si no mueve bien los ojos, si no enfoca bien o le cuesta mantener ese enfoque durante un cierto período de tiempo, si no fusiona bien las dos imágenes de cada ojo… ¿Se imagina alguien intentar leer teniendo problemas de estas características? Es muy complicado.

Todo ello se puede tratar con terapia visual: se recuperan capacidades visuales o se optimizan las ya existentes con una serie de ejercicios destinados a que sean eficaces visualmente y que no haya trabas en la recepción y decodificación de la información visual. Solamente pudiendo mejorar la velocidad lectora y la comprensión de lo que se está leyendo, se consigue que el esfuerzo sea mucho menor y, por tanto, tenga más capacidad para otras tareas, como puede ser la visualización de lo que lee y extraer conceptos importantes para, por ejemplo, hacer un resumen.

La terapia visual cuenta con muchas técnicas y etapas dentro de un programa personalizado y con un orden concreto que hace que las capacidades se estructuren correctamente primero para poder ir al detalle después.

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