• Viendo con otros ojos

Autismo, discapacidad intelectual y problemas visuales

 

En 2006, el Dr. Melvin Kaplan publicó un libro titulado “Seeing through new eyes”, que puede ser traducido como “Viendo con ojos nuevos” o “Viendo con otros ojos”. El subtítulo es “cambiando la vida de niños con autismo, síndrome de Asperger y otras discapacidades del desarrollo a través de la terapia visual” y está avalado por el Autism Research Institute (Instituto de Investigación del Autismo) de San Diego.

El libro comienza así: “No pensamos en trastornos del espectro autista, hiperactividad y otros trastornos del comportamiento y del aprendizaje como problemas en los que esté involucrada una disfunción visual, pero deberíamos.” Está suficientemente claro que ni el autor ni su libro mismo trata de curas milagrosas para problemas serios, sino la lucha de siempre: que la visión (que no la vista) sea tenida en cuenta a la hora de tratar todas estas problemáticas.

Sin entrar en detalles, en este libro se detallan casos y tratamientos conducidos por Kaplan, así como estudios científicos que avalan la terapia visual como tratamiento efectivo de problemas visuales, al contrario de lo que en algunas comunidades médicas se afirma. Los tratamientos de terapia visual no son un acto de fé, o por lo menos, no deberían serlo, aunque algunas veces – dada la peregrinación de padres y niños por mil y una opiniones sin haberles hablado nunca de ello – está claro que tiene que serlo.

 

Hay un, digamos divertido, ejemplo en el libro que ilustra lo que, aún a día de hoy, sigue pasando:

… el uso estándar de cualquier tipo de lentes, incluyendo las que ahora se prescriben cada día para lejos y cerca, era considerado no científico o incluso peligroso por los oftalmólogos hasta hace relativamente poco tiempo. Esto era cierto incluso a pesar de que la “gente corriente” comenzó a utilizar estas lentes en el siglo XIII. 

El rechazo por parte de los oftalmólogos a aceptar el uso de lentes les llevó a adoptar muchas teorías raras acerca de las causas y tratamientos de los problemas visuales. Por ejemplo, en 1840, un oftalmólogo llamado Mackenzie detectó que había estudiantes que padecían frecuentemente astenopía. Si eras un estudiante varón de 18 años en Oxford en esa época y presentabas síntomas que incluían leve sensibilidad a la luz, una tendencia a fruncir el ceño, buena visión de lejos y estrés en tareas de cerca, lo más probable es que fueras derivado al Dr. Mackenzie, cuyo diagnóstico sería astenopía. ¿La causa? De acuerdo con Mackenzie y otros prominentes oftalmólogos, era una excesiva masturbación, la cual creían como causa de debilidad ocular. ¿El tratamiento? Además de decir que dejaran de leer, ¡los pacientes a veces eran ingresados para la cauterización de la uretra!
Los pacientes que querían evitar tal destino evitaban a los oftalmólogos y lo que hacían era comprar lentes convexas a los ópticos. Cuando lo hacían, sus síntomas se reducían y en algunos casos desaparecían.  Sin embargo, no fue hasta 40 años después, en la Wills Eye Clinic en Philadelphia, cuando fue prescrita la primera pareja de lentes convexas para la astenopía por un oftalmólogo.

Mi objetivo con esta historia no es desacreditar a los oftalmólogos tradicionales sino apuntar que, en el campo del cuidado de la visión, es típico que lleve décadas la aceptación de una práctica nueva y beneficiosa. Lo mismo ocurre en cualquier campo de la medicina. El que la comunidad médica acepte nuevas ideas requiere más que pruebas – también lleva tiempo.

Cuando empecé a leer el libro, hace ya tiempo, pensé que el título era, por lógica, cómo enseñar a ver a pacientes con otros ojos. Después de leerlo, me di cuenta de que enseñaba a mirar desde otra perspectiva no sólo a los pacientes sino también al lector, profesional o no del cuidado de la visión. Al profesional porque describe procedimientos tanto de diagnóstico como de tratamiento y al no profesional porque está plagado de casos reales en los que pueden verse identificados o sencillamente abrir su perspectiva de lo que es un optometrista que trabaja de esta manera.

Kaplan describe, basado en su experiencia de más de 40 años de trabajo con pacientes autistas, o diagnosticados con un trastorno dentro del espectro autista, cómo se puede trabajar con terapia visual para retomar y reintegrar el sistema visual, no sólo restaurando habilidades visuales aisladas, sino también, por extensión, para mejorar la habilidad del paciente para reintegrar los procesos visuales con otros sistemas sensoriales – auditivo, táctil, propioceptivo, gravitacional – con el objetivo de alcanzar un nivel de conducta superior.

Si alguien está interesado o quiere profundizar en este aspecto, puede contactar con el formulario o por teléfono. Aún así, recomiendo su lectura (desgraciadamente, no está traducido al español) porque, definitivamente, tenemos que empezar a ver con otros ojos…

 

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