• Rickie

Optometrista comportamental valladoldi

En la anterior entrada, hice referencia al libro “Seeing Through New Eyes”, de Melvin Kaplan. En este libro se hace referencia a una historia de las que impactan: la de Rickie, la hija de un psiquiatra de prestigio en NYC, el Dr. Frederic Flach. Transcribo, traducido, lo que plasma en su libro Melvin Kaplan sobre el caso de Rickie:

A la edad de 13 años, Rickie – una niña preciosa y enormemente inteligente, pero ya considerada “problemática” – desarrolló síntomas que fueron catalogados como esquizofrenia. Llevada de una institución mental a otra durante una década, Rickie no era capaz de responder a medicación, electroshock o psicoterapia. Cada breve recuperación terminaba de forma abrupta en un conglomerado emocional catastrófico, un brote violento de auto lesiones o un intento de suicidio.

El padre de Rickie, un prominente psiquiatra, oyó hablar de mi trabajo por medio de un amigo mutuo. Él era escéptico – ¿qué podría tener que ver la visión con los síntomas de esquizofrenia? (…) Me preguntó “¿Puedes ayudar a Rickie?” Cuando le contesté “¿Visual o psicológicamente?” él me dijo “Como sea”.

(…) Durante mi examen, mostraba grandes movimientos oculares de tipo nistagmus. Cuando dirigí una luz a sus ojos (…) su agudeza visual – que ya había tomado anteriormente y era de un 60% – bajó instantáneamente a un 10%. En segundos, había cerrado su sistema visual hasta el punto de ser legal y funcionalmente ciega.

(…) Rickie explicaba que si me miraba durante un minuto, mi imagen empezaría a desaparecer. De todas formas, añadió, “si pongo todas mis fuerzas en ello, te puedo mantener a la vista durante un buen rato”. Le pregunté qué pasaba con las demás personas y objetos de la habitación y me dijo: “Al principio, los veo, y a ti. Después, a medida que me voy concentrando más en ti, se hacen más y más tenues, hasta que ya no puedo verlos del todo”. Pruebas posteriores revelaron que Rickie tenía una deficiencia severa de la percepción de profundidad, experimentaba dificultad en mantener visión estable en un ojo, y tenía muy poca idea de dónde estaban situados en el espacio otros objetos, o incluso su propio cuerpo.

Descubrí que Rickie tenía que hacer uso de cada gramo de su energía intentando compensar su procesamiento visual completamente deteriorado. Cuando tenía tres años, recordaba su padre, un día de repente se sintió aterrada al mirar por una ventana, diciendo “Los árboles vienen hacia casa. Están viniendo hacia aquí” Lo más seguro es que este fuera el primer signo de la catastrófica pérdida de percepción de profundidad de Rickie, posiblemente disparada por una intervención quirúrgica anterior para extraer un tumor de la cabeza. Para compensar el terrible sentimiento de que el mundo se estaba volcando sobre ella, desarrolló visión en túnel, protegiéndose de los terrores que ella veía pero restringiendo su visión a fogonazos sin coherencia con muy poco contexto. (Imagina yendo por la vida viendo el mundo a través de dos largos tubos que bloquean tu visión periférica y podrás hacerte una idea de cómo puede asustarte y anularte este trastorno visual)

(…) tenía dificultades terribles en el colegio, decía que las palabras “se desmoronaban” en la pizarra cuando intentaba leerlas (…) Hubo un incidente, que tuvo como resultado su reingreso en un instituto psiquiátrico: se vino abajo en clase porque “apenas podía ver… la sala estaba completamente a oscuras… (la cabeza de la maestra) parecía como si no estuviera pegada a su cuerpo”. Se repitieron más episodios cada vez que intentaba volver a clase.

(…)Rickie entró en terapia y su tratamiento duró alrededor de un año. Durante ese tiempo también fue tratada con terapia nutricional y tuvo apoyo psicológico de otro profesional (…)  Los resultados nos parecieron increíbles a todos nosotros: se liberó de sus problemas visuales, tan estresantes y  que le consumían tanta energía, y fue capaz de poder ver el mundo como un todo, no como un enjambre de imágenes inconexas. (…) Tras diez años en instituciones mentales, aprendió a salir adelante por sí misma, hizo la carrera de enfermería y se casó y tuvo varios hijos.(…)

 

Se menciona que su padre,el Dr. Flach,  más adelante escribiría un libro, titulado “Rickie”, en el que cuenta con todo detalle el periplo de una institución mental a otra durante esos 10 años, desde 1966 hasta 1976, aproximadamente. Hace poco conseguí un ejemplar que acabo de leer. No se trata de un alegato contra la sociedad médica de aquel entonces sino más bien un testimonio pormenorizado de los problemas de su hija y el conflicto que le suponía a él mismo como psiquiatra recibir el mismo trato y tratamiento que él dispensaba a sus pacientes y que se estaba empezando a cuestionar. En este caso, estamos hablando de electroshock, aislamiento de la familia, aislamiento como terapia, estar confinada en pabellones con pacientes peligrosos, medicación sin fundamento, etc. Una década da para mucho…

Este libro fue escrito en 1990 y ya por aquél entonces, su padre comentaba en el libro:

Que Rickie era funcionalmente ciega es indiscutible. Probablemente había sido discapacitada visual desde los tres años, y es concebible que, hasta que esa disfunción no hubiera sido corregida, ninguna clase de tratamiento hubiera producido resultados que perduraran.

Repasando su historia – su propensión a los accidentes, sus golpes en la cabeza, sus episodios de angustia con fuertes componentes visuales, la forma en la que se retraía hasta el punto de enfermar cuando se veía enfrentada a demandas de naturaleza visual tales como los estudios escolares – es increíble que nadie se diera cuenta antes de la conexión. En parte, esta enorme pérdida de tiempo puede ser consecuencia de miopía profesional, de ignorancia de la evolución de otros campos y de un rechazo generalizado a la innovación, actitudes que desgraciadamente siguen vigentes hoy día. Hay colegas míos que aún sonríen incrédulos ante la idea de que la terapia ortomolecular o la terapia de percepción visual puedan haber contribuido de alguna manera a la recuperación de Rickie.

Desgraciadamente, 25 años después aún hay muchas de estas “sonrisas”… 

Después de haber tratado a su hija, el Dr. Flach colaboró con Melvin Kaplan para estudiar cómo funciona el procesamiento de la información visual en pacientes psiquiátricos. Consiguieron hacer su investigación en el New York Medical College. Termino con lo que escribe en su libro:

Nuestras investigaciones demostraron de forma concluyente que por supuesto existe una alta incidencia de disfunción perceptual grave – un síndrome, de hecho – en pacientes psiquiátricos, especialmente en aquellos cuyos recobros son lentos e incompletos y los que tienen problemas en estudiar, en mantener un trabajo o en hacer frente al estrés de la vida cotidiana. Y lo que es más importante, a través de una serie de técnicas, su habilidad de procesamiento de la información visual puede ser recuperada, favoreciendo enormemente la rehabilitación. 

 Solamente he querido hacer llegar una diminuta parte de estos libros en los que se refleja el trabajo de muchos profesionales que, como Melvin Kaplan, obtienen excelentes resultados, avalados por la eterna satisfacción de ellos: los pacientes y sus familiares. 

 

 

 

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